martes, 8 de septiembre de 2015

MORALEJA

Hay que saber escuchar para aprender. Y aprender para enseñar. El que sòlo hace fintas y no sabe nada en la vida, bien haría en esforzarse para aprender, sino, nada digno podrá contar...
Esta es la historia de un zorro y un mono. Ambos eran unos bribones raterillos. Sucediò que no habían podido aprender nada pese a su larga trayectoria de fechorías. Eran unos  simples pillos sin remedio: Una noche, los animales cìnicos, salieron juntos a robar. Llegaron hasta una vivienda de un gran oso. De esos con cara de pocos amigos, de colmillos filosos y  de garras muy afiladas. El inmenso oso, se paseaba por la sala de su acogedora casa. Estaba muy contento y como no, si se encontraba saboreando una copa de oro llena de dulce miel...
-¡Ah, pícaro bellaco!-exclamò el oso  muy entusiasmado, dirigiéndose a su perro-, te quiero tanto maldito imbécil, siempre me cuidas y me das aviso de los intrusos. Cuidas mi honra- y le aventò un trozo de pan duro en agradecimiento. Espero a que terminarà de comer y le ordenò:
-Anda, ve afuera y ejecuta tu oficio de vigilante siempre fiel.
el perro hizo su trabajo al igual que lo había hecho desde tiempo atrás.
Mientras tanto, el zorro y el mono, ocultos en el pórtico, esperaban muy atentos el momento en el que el oso abriera la puerta al perro para poder ingresar a la casa. Y así sucedió. Entraron sigilosamente, sin que el oso ni el perro pudiesen darse cuenta de la rápida y astuta acción. Ahora era sòlo cuestión de minutos para que el saciado oso entrara en su profundo y placido descanso...
En el fuego de la chimenea, había una cazuela de caldo de pollo. Ni tardo ni perezoso, el  hambriento mono se lanzò sobre el potaje, comiendo hasta hartarse. El zorro hizo lo mismo con sus patas delanteras, hasta que se hartò también. Sòlo que en un descuido, se empinò tanto, que se fue para adentro de la olla y se atorò. Su panza estaba tan grande que se trabò en la estrecha boca de la cazuela.
El mono tanteò en la semioscuridad de la sala y sin percatarse, puso la mano encima del oso mientras roncaba. Este medio se despertó, pero aùn así, logró atrapar de inmediato al mono, como si de una mosca latosa se tratara. Mientras tanto, el zorro se diò a la fuga, siendo perseguido por el perro que por màs velocidad que le imprimió a su carrera. se le escapò...
Cuentan que al mono se lo comieron el oso y el perro. Lo hirvieron y lo despellejaron. Y que el zorro panzón, al tirarse al rìo en su huida, se ahogò...
Moraleja: EL QUE LA HACE LA PAGA!!!...( Quièn tenga mente que entienda y aprenda para saber enseñar!!!).

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