martes, 12 de marzo de 2013

ABANDONADOS A SU SUERTE

Las fiestas en las que se festejan honomàsticos de adultos, por lo regular, suelen sucitar felicitaciones, que se haga entrega de algunos presentes - a eso nadie està obligado-, que se brinde con alguna bebida embriagante, que se proporcione a la concurrencia deliciosos bocadillos, una comida o una suculenta  cena y sobre todo, que se evoquen escenas del pasado, donde el festejado haya sobresalido por tal o cual razòn y todo eso conlleva a momentos agradables para tratar de pasarla muy bien...Sin embargo, esta fiesta de la que hoy hablarè, concluyò con ciertos e inesperados acontecimientos que se salieron de lo acostumbrado:

¡Bah! Nos creemos lo màximo de la creaciòn y estamos confeccionados con materiales muy poco resistentes y de muy baja calidad, en comparaciòn con otros animales, lo cual nos expone a lo peor, no contamos con ninguna cualidad que  en verdad nos haga sobresalientes...¿ No se han dado cuenta que cuando nos bañamos en la tina o nadamos en una alberca prolongàdamente, nos encogemos? jajjajajaja
-¡Ya vas a empezar con tus idioteces, Ernesto! - no faltò alguien que lo recriminarà. No obstante, fue el primer detalle chistoso de la reuniòn y con ello se rompiò el hielo y todo comenzò a fluir de manera agradable y placentera, galopando todos por las praderas inmensas y abiertas del agradable deporte del reir.

Pero, tambièn, debo ser sincero, ese chascarrillo no merece el honor de un relato, si todo hubiese concluìdo allì: Que Ernesto extravagantemente se halla referido a la vejez, mencionando que nos encogemos al sumergirnos prolongadamente en el agua - al menos asì lo entendì, yo-, no es motivo de suficiente peso como  para distraerle amigo lector de sus mùltiples y variadas ocupaciones en tiempos de desempleo y de hambre... Si me estoy permitiendo relatar este suceso festivo, se debe a que fue la antesala de una serie de acontecimientos desconcertantes que vendràn a continuaciòn...

Primero he de aclarar, que no es mi fuerte, los relatos de terror. Nunca he resultado ser una amenaza para nadie, ni soy rival de nadie en ese gènero, bueno, en muchos otros tampoco lo soy. El terror y el misterio exigen de mucha reflexiòn y de un trabajo cerebral arduo, preciso y metòdico que por desgracia no poseo. Mi talento, està màs enfocado a lo periodìstico, a lo intuitivo. Eso me mete de lleno al teclado, no importàndome que ahora este de moda matar a los periodistas e informadores y que las autoridades, por lo menos en mi paìs, no hagan nada o se hagan de la vista gorda, metiendo sus cabezas  en el suelo, como buenas avestruces que resultan ser, negando la cruda realidad.

La fiesta transcurrìa como la gran mayorìa de ellas, en medio de empujones, nalgazos, codazos, olores, humo, ruìdo, mùsica, besos y risas. De repente, me empecè a dar cuenta de que varias personas vestidas coloquialmente; es decir, de manera muy casual, se dirigìan con mucha frecuencia a la cocina, entraban, pero  ya no salìan de ella. Ese fue el primer suceso extraño de la noche...

El segundo y màs desconcertante acontecimiento, fue cuando al acercarme a la puerta de la cocina, me pude percatar de que habìa un individuo franqueàndola y que sòlo permitìa entrar a quièn mencionarà una frase: ¿¨Puedo entrar a la cocina a servirme un poco de ponche¨?
-Sì, claro, pase usted- de muy buen modo contestaba el guardìan a esos extraños individuos....La reacciòn del personaje que custodiaba la puerta, fue identica para todos los que hacìan menciòn de la mentada frase...

El tercer suceso y que es el que me lleva a relatarles lo que sigue, es que la lògica se saliò de carril y todo se fue transformando en material periodìstico, digno de ser tomado en cuenta por alguien como yo, tan curioso, inquieto e intuitivo.

 Repito, fueron varios los sujetos que le formularon la frase al custodio de la puerta. Todos desconocidos por mì y haciendo su apariciòn de manera espontànea en el mismo escenario con identica pretensiòn de franquear la puerta de la cocina de la casa del festejado y lo peor, nadie se percataba de ello o se hacian que no los veìan...

Al principio, no daba crèdito de lo que estaba presenciando y lo màs curioso, es que los personajes ni ruido hacian: La operaciòn de servirse ponche extra, no dejaba escuchar el chasquido del cristal de las tazas o de los vasos, al servirse. Me preguntè: ¨¿Esa frase no tendrà un doble sentido¨?...

Esta deducciòn, por supuesto, amigo lector, a usted de seguro ya se le habìa ocurrido, ¿ No? Responde a algo muy obvio. Por supuesto , que se trataba de una contraseña. No se encaminaban a servirse ponche, ni nada por el estilo, sino que se dirigìan a un sotano en donde habìa una bodega y ahì celebraban reuniones clandestinas y secretas...

Me hice de una gabardina que encontrè en el guardaropa de la fiesta, que màs bien era una especie de impermeable sucio y desgastado y me aproxime al custodio dicièndole al oido:
-¿Puedo entrar a tomar un poco de ponche extra?
La reacciòn del guardian de la cocina, fue algo extraña al escuchar mi ruego de manera modificada-obviamente por la emociòn, me habìa equivocado de frase-, pero no se inmutò.
-Quizàs quiso usted decir: ¿Puedo entrar a la cocina a servirme un poco de ponche?
-Sì, eso tratè de decir-apoyàndolo de inmediato-. Entonces dijo èl cortesmente:
-Si, claro, por allì.

Ese sòtano, como muchos otros, estaba casì en penumbra. Lo iluminaba un foco de bajo voltaje, de color entre rojo y amarillo, cubierto con un cucurucho de papel que controlaba aùn màs, la emisiòn de la luz. Eso a mi me venìa muy bien, pues asì no podrìa ser  facilmente descubierto. No creo necesario mencionar que todos esos personajes eran integrantes de alguna organizaciòn de choque contra el gobierno establecido.

Estaban hablando de que iba a estallar una revoluciòn en un paìs cercano al nuestro. Mencionaban que el gobierno se desintegraba, que el paìs estaba dividido en bandos: Por un lado los estudiantes y los intelectuales, opositores al nuevo Presidente; y por otro, los campesinos y los obreros que consideraban que era necesario un golpe de Estado. El Presidente, circulaban rumores, recibirìa auxilio de un paìs vecino, donde habìa hecho entrega de sus reservas petroleras por màs de seis años, para obtener protecciòn.

Para mì, como periodista, lo que estaba escuchando era mi gran oportunidad de alcanzar reconocimiento pùblico. Tenìa yo la premisa de una revoluciòn en puerta. En mi vida habìa visto una, ni habìa estado implicado en ningùn movimiento conflictivo de esa ìndole, sòlo algunos pleitos en mi casa entre mis padres y hermanos, en la universidad, o algo asì, pero nunca nada de tal magnitud...Siempre escribì acerca de eventos sociales o notas de color en los estadios deportivos o en algùn mitin polìtico. Lo emocionante de la vida, sòlo lo habìa leido en revistas extranjeras o lo habìa visto por televisòn de cable. El oficio de periodista local en mi paìs, no daba para màs...

En el nùcleo de este grupo, habìa un lìder que saludo a todos llevàndose la mano derecha al pecho, recargada del lado izquierdo. Eso quizàs querìa decir que eran de tendencia izquierdista moderada. El cabeza de grupo era un señor regordete, de piel oscura, chaparro, calvo, con barba gris.
-Compañeros- dijo con voz firme, pero en tono bajo-, ya podemos estar satisfechos. Al fin habrà una revoluciòn cercana a nuestro paìs. Todo està a punto...
-¿Y la hora?-preguntò un tipo flaco de pelo abundante trenzado en forma de cola de caballo y piel muy pàlida, su semblante no se veìa muy sano, se le apreciaba cansado y enfermo.
-Ya la tenemos- contestò el tipo de la barba gris, usando el mismo tono bajo-. Serà el pròximo domingo a las cinco de la mañana, todos se van a dirigir a la casa del gobierno y aprenderàn al maldito tirano hijo de la...- el lìder ya se estaba exaltando, se recompuso y continuò-, cada cual conoce bien su misiòn y el modo de cumplirla. Lograremos nuestro propòsito. Al fin ese paìs hermano, se vera libre de su explotador, sanguinario y verdugo dictador...
-¡Venceremos! repitieron  a coro en un grito ahogado los ahì reunidos, sus ojos brillantes de fanatismo iluminaron por unos isntantes el sombrìo y lùgubre lugar...
-Ya podemos irnos todos- decidiò el lider de barba gris-. Nos reuniremos despuès de consumado el golpe de Estado.
-¿Què contraseña tenemos que decir cuando salgamos?- preguntò el hombre flaco de semblante enfermizo y de cola de caballo.
El jefe impostando la voz, para imprimirle un tinte misterioso, propio del evento secreto, dijo:
-Saliendo de uno en uno, el guardian les preguntarà: ¿¨Les alcanzò el ponche¨? Y ustedes responderàn: Nos serviremos despues...

El cònclave se disolviò. Todos los terroristas, yo creo que asì les podrìamos nombrar, se fueron saliendo por una escalerilla del sòtano, iban en un silencio sepulcral como Cardenales del Vaticano, aparentando sobriedad, dejando salir a su paso, el humo blanco de los mùltiples cigarrillos que se habìan fumado en la reuniòn...

Me dirigì de inmediato al periòdico y hablè con mi jefe contàndole todo lo que habìa presenciado. Obviamente no me creyò en lo absoluto. Aùn asì, pedì prestado un dinero a Càrmen, una amiga colega y al dìa siguiente viajaba en un aviòn rumbo al paìs del suceso. No me importaba sufragar mis gastos y quedar endeudado hasta las manitas, para mì, aquella era una gran oportunidad de vivir algo muy interesante y poderlo narrar en vivo y en directo vìa internet a todos mis lectores.

Aterricè en un aeropuerto con muchas palmeras alrededor. Me dirigì al modulo de informaciòn y me recomendaron un pequeño hotel no muy lejano al campo aèreo. Dejè mi maleta y mi laptop ahì y de inmediato me fuì directamente rumbo a la ciudad. Mucha gente portaba armas, banderas rojinegras y pancartas con lemas de protesta contra el gobierno, en todos los tonos. Me confundì entre los grupos que vagabundeaban de un lado para el otro en las principales calles del centro citadino. Un creciente nùmero de personas portaba armas cortas y largas bajo sus ropas. Me fingì invalido de una pierna, haciendo muy buen papel. Nadie me molestaba o me percibìa diferente a ellos...

Cada uno de los grupos presentes, me deseaba incorporar como suyo, entregàndome armas para luchar por el futuro que ellos visualizaban para su paìs. La noche cayò y me regresè al hotel ocultando en mis ropas una pistola calibre 38 gatillo oculto, Smith and Hueso. Mi emociòn era muy grande. Me sentìa realmente vivo y muy afortunado de estar en ese convulso paìs a punto de renacer. De escribir, no queria saber nada en esos momentos. Me encontraba en el extasis  mental de acomodar y ordenar datos e informaciòn.

Al dìa siguiente, ya para anochecer, hubo una serie de explosiones que cimbraron el suelo y el centro de esa ciudad, que se veìa a lo lejos, envuelta en humo negro y en llamas- en el mismito sitio en donde habìa estado el dìa anterior. Salì a la calle de inmediato y un jòven que portaba una especie de uniforme militar y rifle en mano, me ordenò que subiera a un camiòn  que cargaba armas y cajas con cartuchos de varios calibres. Ahì comprendì que el golpe de Estado, del cual me habìa enterado anticipadamente, habìa dado iniciò...¡Era el dìa Domingo!

Mientras viajabamos hacia la ciudad, la corriente elèctrica fue cortada de tajo y quedamos en sombras, solo alumbrando nuestro transitar por los fanales del camiòn. Nuestra luz, mostraba otras unidades tambien con armas que ya se habìan atrincherado detràs de autos y barricadas improvisadas. Las metrallas no se hicieron esperar: Pronto empezaron a caer muchas personas muertas en grandes charcos de sangre sobre el pavimento de las calles. Varios grupos armados se nos unieron y corrimos hacia los edificios del centro de la ciudad, donde se supone estaban atrincherados nuestros enemigos. En instantes, habiamos rodeado varios edificios. Algunos de los hombres entraron en ellos y los demàs nos quedamos esperando màs atràs.

Sin saber que estaba sucediendo o contra quienes luchabamos, empezaron a salir, uno por uno, los prisioneros, todos semidesnudos. Querìan gritar o llorar y se les callaba ràpidamente a golpe de culata en sus cabezas. Habìa entre los detenidos mujeres y varios niños. Todos lloraban con caras de espanto. El nùmero de detenidos fue en aumento y pronto sumaban docenas. Colocaron a todos viendo hacia las paredes. presntì que se disponìan a fusilarlos. Yo querìa ocultarme detràs de uno de los camiones, cuando alguien me empujò y quedè justo delante de todos, ordenàndome el comandante del grupo que me pasarà detràs de uno de los prisioneros. Sòlo entonces me percatè de que ibamos a matar a los detenidos de manera por demàs salvaje...

Yo no veìa muy claramente, los lentes se me habìan perdido con tantas carreras. Todo estaba en penumbra y alumbrado por unas cuantas làmparas de mano que portaban algunos guerrilleros. Sentìa el calor de la piel de los prisioneros a poca pulgadas del arma que portaba. No querìa obedecer las ordenes. Pero lo que seguirìa era inevitable, tambien me ejecutarìan a mì. Todo me parecìa irreal. Todo perdìa sentido en mi vida. Ya no era el mismo de antes, era otro. Ya no sentìa nada. Era un simple periodista màs en riesgo total, indefenso e ingenuo. ¿ Còmo me metì en este lìo?.. De repente, escuchè una voz que me decìa: ¡ Ya te volviste a emborrachar, maldito periodista
mediocre, ustedes siempre viven abandonados a su suerte, levàntate y làrgate a tu casa, ni creas que te puedes quedar a dormir aquì, la fiesta ya terminò!!!




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