miércoles, 28 de marzo de 2012

LA NOSTALGIA

El smog estaba casì en el suelo. Era una mañana de verano poco agradable. El ambiente estaba amarillento, lleno de neblina asfixiante y con una temperatura de casì treinta y cinco grados. Goetz lanzò su chamarra rompevientos sobre la silla de su escritorio y se empezò a dar masaje en el hombro y el cuello, justo donde rozaba el cinto de cuero de su pistolera. Por la ventana de su oficina, se lograban visualizar las principales avenidas del centro de la ciudad, cubiertas de palmeras y frondosos àrboles que las engalanaban a todo lo ancho. Muchos y muy variados automòviles hacian el transito
 cotidiano por esas principales arterias que daban la impresiòn de ser un rìo de colores brillantes. Encogiò su gran espalda, junto las manos entrelazadamente y se estiro como un leopardo en señal de inicio de labores.

-¿ Y mi socio?- Le preguntò a su secretaria.
Eran ya casì las diez de la mañana y su socio no se habìa presentado. Se suponìa que era el dia de su retorno de vacaciones.
- A lo mejor estarà en la universidad. Debe de estar dando su clase sobre la Alemanìa Nazi. Hoy  es martes y casì siempre llega a las once aquì-dijo, abanicàndose la cara con un folder vacìo-. Debe de estar hablando de los campos de concentraciòn...
Goetz frunciò el ceño y se aflojò las correas de la pistolera.
-Hablar de ese tipo de cosas, sobre todo de Auschwitz, o de Hitler y Himmler, resulta muy desagradable-dijo enfàtico.
-Pensaba que ustedes dos compartìan las mismas ideas, señor.
Goetz sòlo la mirò de reojo.
-¿ Si?
Sobre la alfombra gris estaban tirados folders, cartas, cintas de grabadoras, cds y muchas carpetas.
-Me preguntò què serìa lo que vinieron a buscar aquì al despacho.
-Creo que tiene que ser  algo muy importante-dijo la secretaria- .Por eso no movì nada, hasta que usted llegarà.
Ella era una jòven clàsica teutona, rubia, muy bonita, esbelta y con pecas en el rostro. Ese dìa traìa su cabello lacio, no se lo habìa rizado como de costumbre.
Goetz olfateò la oficina.
-Huele muy raro...
-¿A què huele?- dijo ella sorprendida.
- A quemado. Hay ceniza en varios de los muebles. El detective Goetz se desabrocho el botòn superior de la camisa y agregò:
-Recojamos todo esto y tratemos de averiguar quien hizo todo este desorden.
-Sabe una cosa señor Goetz- le dijo la joven arrodillàndose a su lado.- Creo que el detective Erwin, estaba trabajando con un grupo de jovencitos universitarios en algo referente a la identidad alemana. Y al parecer, estaba relacionado con pandillas que èl llamaba derechistas...
-Quizàs quiso decir racistas heridos...
El telèfono sonò y la secretaria se levantò para responder.
-Goetz y Erwin, detectives-dijo.- Ahora se lo paso.
Inmediatamente le pasò el auricular a su jefe.
-Habla el teniente Hess de la policìa de Sylt.
-¿ Sì?- respondiò Goetz
-Acabamos de encontrar a su socio...
El telèfono se humedecìa con el sudor de la mano de Goetz
-¿ Còmo?- preguntò, tragando saliva-. Dònde?
-Muerto, parece que le hicieron dos disparos con una psitola calibre 38- Hizo una pausa-. Fue en un lugar
cerca de la playa llamado Or.
-¿ Què es Or?
Un fraccionamiento de lujo en la playa que estàn construyendo para familiares de ex veteranos de la guerra. No està terminado y nadie vive aquì. Un albañil encontrò el cadàver hace un par de horas, tirado en una cancha de tenis.
-¡Maldiciòn !- Exclamò Goetz, hacièndole una señal de final con la mano a su secretaria.
-¿Sabe en que estaba trabajando?- lo cuestionò  el teniente Hess.
-En nada en particular. Estaba de descanso, tomaba sus vacaciones y se suponìa que hoy retornaba a su trabajo. Creo que hoy daba una clase en la universidad.
La secretaria rompiò en llanto.
-Creo que Erwin està grave, ¿ verdad?
-Muerto- le corrigiò Goetz, tapando el auricular para no ser escuchado.-¿Necesita verme para algo, teniente Hess?
-Convendrìa que viniera a verme hoy, a cualquier hora-le dijo.- ¿ Hay algo que pueda decirme ahora ?  ¿Sobre psoibles enemigos, sus asuntos o algo parecìdo ?
-Sòlo que Erwin llevaba una vida muy lìmpia- le asegurò Goetz.- Dèjeme pensar de todos modos, voy a pensar en ello. Le dirè cuando nos veamos.
- Ya sabe donde encontrarme, detective. Hasta luego...
Goetz colgò y se secò las palmas de las manos en su pantalòn.
-Làstima-dijo.
Fue a sentarse al  sillòn giratorio de Erwin.
-¿Por què no le dijo que su socio estuvo relacionado con esos jovencitos de las pandillas callejeras y que hoy nos encontramos con la oficina toda en desorden y revuelta?
- No quise hacerlo- le respondiò Goetz de inmediato.-No confiò en la policìa. Provengo de la de Alemania Oriental y en esa alemania de la post guerra nos han obligado a reprimir todo en aras de un desarrollo social, no de un mercantilsmo exhacerbado, donde   la jente sòlo se siente  segura si sobresale en los negocios. Ustedes estàn dominados por cifras. Los han convertido en eficientes y muy metòdicos y a ambas alemanias nos han dejado sin corazòn. Somos una unidad descorazonada.
Volviò a ponerse de pie y se colocò los tirantes de su pistolera de cuero.
-Quizàs decubriò algo importante- sugiriò la joven secretaria,  limpiàndose los ojos.
-Lo dudo mucho-aseverò Goetz.- Erwin solìa tener, la mayor parte de su tiempo, una gran aficiòn por sus actividades acadèmicas. Era muy distraìdo. El trabajo policiàco no le era muy atractivo.
-Pero era su socio.
-Sì, y eso no quiere decir que fuera un buen detective. Habìa muchas cosas de las que no se daba cuenta. En unos meses màs darìamos por terminada nuestra asociaciòn.
La secretaria volviò a limpiarse los ojos con su pañuelo, continuaba llorando.
- A mi me duele mucho que lo hayan matado. En alguna ocasiòn el detective Erwin, me contò que muchas de las protestas callejeras, se trataban de gente que tenìan heridas en su alma, producto de la represiòn y la exclusiòn y que se sentìan marginados de la sociedad. Lo relacionaba todo con ha post guerra.
- Es posible-dijo el grandulòn detective, mientras se ponìa su chamarra-. Pero esta es una nueva era para Alemania. No sòlo debemos preocuparnos por las cuestiones monetarias, que por supuesto, es algo central, sino tambièn, deberemos centrarnos en todo aquello que brota donde no hay intereses relacionados con los negocios, la fìsica o las matemàticas.
-¿ Còmo ? ¿ Tendrà relaciòn este robo en el despacho con lo sucedido al detective Erwin ?
-No lo sè. Pero si sus clases y comentarios hacia los jòvenes extremistas lo condujeron a discrepancias con ellos y aqui descubrìmos que faltan documentos relacionados con la universidad, es posible que haya alguna conexiòn.
- ¿Quiere que cierre la oficina?
-¿ Por què ?
-Supongo que estamos de luto, ¿ no? Por lo menos hoy...
-De ninguna manera- contestò Goetz de mala gana-. No vamos a permitir que las heridas de esos jòvenes que se hacen llamar neo nazis, vulgares, desagradables y agresivos, nos amedrenten y nos suman en sus crisis. No nos van a conducir a su punto de ruptura. Ademàs, Erwin no tenìa familia. Eso quiere decir que tendremos que encargarnos de su funeral. No podemos permitirnos perder un sòlo dìa de trabajo, podrìa presentarse un cliente y vamos a necesitar dinero.
-Creo que no es usted nada sentimental y humano- dijo apresuradamente la secretaria muy enojada.
-No, si lo soy- replicò Goetz alteradamente.- Los alemanes orientales salimos de las provincias que ahora ya no existen y hoy vivimos en cuevas llamadas edificios. Y al unificarnos, estamos comportàndonos como incivilizados, desnaturalizados, no se respeta la pluralidad etnica. Ya nadie quiere entonar canciones folkloricas. Se hace musica  a la que llaman "Oi", conciertos que no pueden ser anunciados. Ya nadie aprecia a Wagner. Perdimos nuestros mitos, nuestros cuentos de hadas. Vivimos en ciudades con aire, agua y tierra contaminados. Somos indiferentes. Ajenos a nuestra herencia cultural. Estamos muy alterados de los nervios. Somos unos animales post-modernos neuròticos. Parecemos ramas dobladas, sometidas con tal severidad que cuando son soltadas, golpean con furia- el detective resoplaba al màximo- y muchos sienten nostalgia por Hitler. Los jòvenes no saben nada y los medios de comunicaciòn se estàn volvièndo locos complacièndo a otros paìses. Estas son mis heridas y yo tengo que seguir viviendo como disfrazado, sofocado, perdièndo mi corazòn de alemàn, al igual que Herder, considero que todo està vacìo que necesitamos pertenecer  con sinceridad a un grupo, de lo contrario nos seguiremos sintiendo apartados, solitarios, rebajados e infelices- Goetz cerrò la puerta del despacho por fuera, salièndo a la calle bañado en sudor y a punto del llanto.
La secretaria se quedò muda de asombro. Se dirigiò hacia la ventana. El calor en Sylt arreciaba. La tarde era càlida y el cielo se veìa encapotado. Las avenidas se veìan atestadas de autos. Una ligera brisa maritima envolvìa el ambiente.
-Creo que en realidad mi jefe, es muy sentimental. Creo que no es una mala persona en absoluto. Las heridas pasadas por supuesto que cobran su precio, ojalà que algùn dìa los alemanes demos paso  paso a un idioma universal que nos permita transmitir todos nuestros matices emocionales para que el mundo de hoy conozca nuestras vidas interiores.
La secretaria saliò de la oficina , dirigièndose hacia a la calle, tratando de abrirse paso entre cientos de manifestantes que arrancaban una marcha de protesta para exigirle al gobierno aumentos de sueldo...

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