lunes, 24 de junio de 2013

FUERA DE NUESTROS INTERIORES

Es un hecho que todo el universo en sì mismo, lo tenemos contenido en nuestras estructuras orgànicas...Somos portadores de esas pequeñas estructuras energèticas y luminicas existentes en todas las cosas que nos rodean. Sin embargo, mentalmente permanecemos tan infrahumanos como cuando empezamos hace ya miles de años. En ese sentido nuestro avance ha resultado ser muy raquitico y superficial, pese a los grandes avances de la ciencia que vuelven la realidad, a cada momento, màs fantàstica y muy poco descifrable: Todo parece posible, pero sin saber ni comprender  las estructuras de esos magnìficos descubrimientos. Aùn asì, los seres comunes todo lo esperan de la ciencia, se benefician de ella grandemente, la consumen y la usan pero no saben como opera ni les preocupa entenderla, muy poco les importa eso: Continuamos maldiciendo las partes oscuras de nuestro mundo, sin atrevernos ya  siquiera a encender un simple cerillo que nos pudiese brindar un poco de luz, preferimos las làmparas de alogeno o mercurio que nos enceguecen contaminan y lastiman deslumbrando todo. Por otra parte, nuestros valores estàn muy relegados,  y las tradiciones ya no se respetan, los ritos y los mitos han desaparecido casì por completo en aras de la modernidad...

Y hay que agregar a todo lo anterior, y lo tenemos que aceptar, que ya todo lo vivimos como fuera de nosotros mismos, sin percatarnos que en verdad, nada existe fuera de nuestros cerebros y que es atravès de esos òrganos nerviosos que nosotros  tambièn existimos, pues estamos en los cerebros de  los otros...Somos seres anfibios, habitantes de dos mundos, interior y exterior, pero pertenecemos al mundo interno que es nuestro autèntico y verdadero hogar, pero al estar castigando continuamente nuestra imaginaciòn, nuestra inteligencia, hemos ido perdiendo nuestras tareas realizadoras, terminando con la poesìa, con la creatividad interior y la nobleza de nuestras almas y lo maravilloso y màgico que se encontraba por todas partes, dejando de lado a los duendes, a las hadas y a los angeles que se sentaban a diario en nuestras mesas, a todos esos, tambièn los hemos ido aniquilando en favor de lo superficial, intrascendente e innecesario...

En nuestro ultramoderno mundo, ahora màs que nunca, se percibe y se manifiesta un transfondo muy enfermizo: Violencia, separatismo, crisis, indiferencia, crimen, superioridad paranòica, neurosis, psicosis colectivas, formas de vivir inmersas en un desorden espantoso donde la gente no es lo suficientemente alegre y no està bien humorada como para construir un mundo feliz, esto es una total evidencia porque nuestro mundo no es màs que la proyecciòn de nuestra propia imagen y contenido, nuestro lìmite es proyectar al exterior lo que portamos en nuestros interiores llenos de infortunio y profunda decepciòn que estàn provocando la eliminaciòn y el fracaso de la humanidad entera...

¡Era imposible! Pero tenìa que aceptar la realidad:
-¡No te mueras, amigo! ¡Aguanta!-gritè fuertemente tratàndolo de animar...
-¿ Me escuchas?
El moribundo logrò mover la cabeza asintièndo. Su rostro estaba contraido por el dolor. Sus ojos estaban profundamente hundidos. Tenìa el cuerpo rìgido como tabla a manera de protecciòn. Ambos parecìa que nos mirabamos. La palidez de su boca era como la cera. Su respiraciòn  entrecortada proyectaba agitaciòn. Movìa la cabeza lentamente de un lado a otro, palidecìa màs y màs. Resaltaba su frente alta y el pelo largo y negro. El rostro todo se sumergìa como en una lejanìa, en un confìn por donde èl andaba solo. Las pupilas algo buscaban, se nos clavaban a los ahì presentes, su mirada jamàs podrè describirla. Mirar su rostro era mirarse en el espejo que refleja la muerte propia.
Dijo:
-Ya me voy.
-¿Quièn fue?- me esforcè por aproximar el oìdo a sus labios. Dijo una palabra que nadie pudo entender y despuès dijo:
-...mis hijos... Yo...Yo.- sollozò- .No vi -inhalò penosamente y callò. Eso fue lo ùltimo que dijo.
-No te mueras, por favor, amigo. ¡Un mèdico!- gritè.
Pasaron unos minutos y el doctor se inclinò y desgarrò la camisa azul dejando al descubierto el pecho flaco y hùmedo del herido. Los ahì presentes cerraron los ojos con fuerza, no querìan ver.
-¿Està muerto, doctor ?
- Casì- dijo firmemente- No tiene remedio, ya nada es posible, ni siquiera me atrevo a hacer algo, no conviene intentarlo. Dèjenlo morir en paz.
El cuchillo estaba justo en el centro de su pecho. No parecìa sentir dolor.
-Bueno..., entonces què hacemos...-Me asomè a sus ojos, eran ojos de agonìa, no veìan , eran vidrios sin brillo, yertos, eran los ojos de la muerte. Alguien moviò el cuerpo, trataba de acomodarlo, el cuchillo se moviò por el esfuerzo. El cuerpo se deslizò en el suelo, se aflojò, la sangre manaba a borbotones por el agujero y por su boca y la nariz. Yo temblaba de pies a cabeza tratando de alejar el miedo, me temblaba la quijada, mis dientes se golpeaban unos contra otros, sentìa mucha verguenza, mucho malestar por estar en este trance tan amargo. Reinò el silencio, el suelo estaba cubierto de sangre. Sentìa nauseas, aparte la vista hacia una de las ventanas, apretando los dientes como queriendo destrozar esta extraña vida de pesadilla.
-Que desastre-dije.
El doctor se encogiò de hombros.
-Ya son varios apuñalados que tratò en està zona. Hace unos dìas a un hombre que le arrancaron los ojos con las uñas. al parecer se trata de un odio de mosntruos...
El corazòn me latìa pesadamente, el sudor manaba de mis axilas, fluìa por toda mi espalda, la frente y las manos. Mi amigo estaba muerto y lo normal es saber porque alguièn està muerto, pero en este caso, nadie sabìa quièn lo habìa apuñalado. Yo estaba vivo, pero ahora querrìa haber estado muerto...Lloraba amargamente.
-¿Què pasa en el mundo? ¿ Què haremos?- me dije a mi mismo.
El rostro de todos los testigos, estaba muy descompuesto, estaba horrible, nadie querìa ver llegar a la muerte. Yo les mostrè el puño a todos y gritè:
-¡Malditos sean, como se atrevieron a matar de esa forma a un pobre invàlido paralìtico!

Estoy acostado en mi cama, mi corazòn late como una gota que gotea de un grifo y no lo puedo cerar. Continuo viviendo con la imagen de mi amigo desangràndose en el suelo de su habitaciòn...A lo lejos oigo una mùsica que se acompasa con el ritmo de mi corazòn y que nunca podrè olvidar: El Himno a la Alegrìa!!!

( RETORNO AL RATO, ESTOY CON UN PACIENTE. GRACIAS)

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