jueves, 20 de junio de 2013

LA ENTROPIA

Nadie da crèdito de que exista en el universo( que nos incluye por supuesto a todos nostros!), una fuerza que va acabando con lo existente de manera inexorable.

Este tipo de conceptos, deja paralizados a los estudiosos de varias disciplinas. Sobre todo, a los cientìficos a quiènes los marca fuertemente, pues no han encontrado, hasta la fecha, una explicaciòn plausible para tan extraño y siniestro fenòmeno...

La fuerza entròpica està catalogada como medida de degradaciòn irreversible de todo sistema fìsico: Nada en nuestra dimensiòn, resulta eterno, todo se diluye, se agota, se rompe, se desmorona y todo va rumbo al aniquilamiento y a la destrucciòn.

La entropìa señala o representa un estrato nada agradable que nos enfrenta, tarde o temprano, a la autopista que conduce directamente a la muerte. No hay reversa, ni nadie- ni Dorian Gray- pueden retornar de la vejez a la juventud, Oscar Wilde, tambien fallò.

Lo perenne no existe -aunque Aldous Huxley insistiò que sì, en la filosofìa-, incluso llega el momento que todo càe en el olvido: Sueños, planes, proyectos, amores, odios, todo, todo, se degrada, sin quièn nadie hasta ahora, pueda hacer algo para superar ese fatal destino...Todo apunta a que estamos predeterminados por la mismisima muerte y la destrucciòn, aunque nos procuremos todos los cuidados habidos y por haber. El deterioro es lo que prevalece en todo lo que existe, es el comùn denominador en todos nostros y en nuestros entornos, lo cual incluye al mismo universo sideral.

-¿Por què habla de mi familia?- preguntò el viejo-. Ellos nada tienen que ver con mis asuntos financieros...
Arribè a ese restaurante a temprana hora. Habìa una mujer hacièndo el aseo y le pedì que le avisarà al dueño que deseaba hablar con èl. Lo llamò y fue cuando le hice saber que traìa un mensaje de alguien que estaba interesado en comprarle su negocio. De inmediato me respondiò que el no tenìa a la venta su establecimiento. Entonces de acuerdo a las instrucciones recibidas por quièn me habìa contratado, le comentè algunas cosas sobre su familia...
Sucede que yo habìa perdido mi empleo, tenìa ya varios dìas sin probar alimento y de repente al etar pidièndo limosna, me topè en la calle con un extraño hombre que me ofreciò un billete y me hizo subri a su lujoso auto y me mostrò màs preguntàndome que si querìa ganarme una buena cantidad de dinero.
Despues de interrogarme sobre mi vida, se diò cuenta de que yo no era el clàsico pordiosero, que era una persona despierta y preparada y que bien podrìa ayudarlo. Agregò que le resultaba difìcil gastar su dinero porque no podìa justificarlo ante las autoridades fiscales. Necesitaba invertirlo en negocios lìcitos y hacer pasar todo su capital como si fuera lìmpio. Me diò otros billetes para comprarme ropa y pudiese vivir sin problemas, algunos dìas màs. Uno de los billetes de mayor valor, lo dividiò en dos mitades y me dijo: Recibiràs la otra parte si entregas un mensaje al dueño de un restaurante que no quiere aceptar mis ofertas...El mensaje era muy sencillo: ¨Acèpteme como su socio y obtendrà una parte comoda de utildades. Si se negaba, yo le dirìa que no habìa alternativa, que pensarà en su familia, en sus hijas...La finalidad del negocio era lograr que el restaurante creciera y se hiciese màs lucrativo de lo que ya era, permitièndo pasar a los libros contables un dinero ganado en otras partes de manera ilegal...

-La persona que me ha enviado, no hace distinciones entre su familia y su negocio-le dije firmemente-. Una de sus hijas cruza la avenida principal todas las mañanas acompañada de su madre. Sabemos quièn es su maestro de mùsica de la màs pequeña- el pobre hombre se levantò temblando de la mesa en la que nos habìamos sentado.
-¡Voy a hablarle a la policìa de inmediato!- gritò, retornando a la mesa.
Yo tambièn me alertè bastante. Jamàs habìa presionado asì a alguien. Creo que sì lo hice cuando me divorciè. Pero a estas alturas ya lo habìa olvidado. Me dì valor y tratè de proyectar una cara de mafioso. Impostè muy bien mi voz y dije
-No harà semejante cosa -fuì muy firme-. La policìa que hoy auxilia a los ciudadanos, està integrada por un conjunto de gente joven y muy poco maleada que de ninguna manera se van a querer inmiscuir en atreas de rescates altamente peligrosos- no se me ocurriò decir otra cosa-. ¿Cree usted  que van a querer acompañar a su esposa e hijas todos los dìas a la escuela, dìgamelo? -lo increpè fuertemente.
El seguìa sentado, inmovil, con las manos cubrièndole el rostro. Se le veìa que sufrìa mucho.
-La persona que me envìa, tambièn gusta de la mùsica. Dijo que es muy difìcil ser concertista sin buenas manos...Dijo tambièn que no debe usted imponer su terquedad al bienestar y cariño de sus hijas.
El silencio del lugar era ya para esos momentos muy lùgubre. El dueño del restaurante, permanecìa muy callado. Me mirò de reojo.
-Mis hijas van a triunfar, para eso las he preparado-dijo-. Significan todo en mi vida.
Pensò unos segundos y continuò:
-Dìgame como me comunico con esa persona. La llamarè. No tengo màs alternativa, ya sè de quièn se trata.
Al otro dìa, me dì una vuelta por las mismas calles donde solìa pedir limosna. De repente vi venir el flamante auto de mi patròn.
-Hiciste muy buen trabajo, te felicito-dijo esbozando una amplia sonrrisa-. Algùn dìa seràs un magnìfico negociador, polìtico o abogado e incluso hasta dueño de algùn buen restaurante tambièn- se carcajeò ruidosamente...Entre sus dedos tenìa la mitad del billete que me habìa ofrecido y me obsequiò un fajo màs...

Durante mucho tiempo me dediquè a ese tipo de transacciones. Vivìa muy solo, observando como la làpida de la corrupciòn y la deshonestidad nos hundìa cada vez màs en el fètido barro de la mala vida que entre todos habìamos hecho...¿ No habrà otra cara de esta entropìa siniestra?



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